Limpiar es quitar la suciedad e inmundicia de algo y puede parecer un proceso fácil, gracias a los dispositivos y productos que se encuentran en el mercado. La suciedad, habitualmente, no desaparece, debe ser transferida del objeto que se desea limpiar a otra parte, desechable, que es eliminada, junto con la suciedad que transporta. Pero la suciedad no se va sola, los productos que se han usado para eliminarla la acompañan.
La actuación de los productos de limpieza lleva, generalmente, tres pasos:
Quitar la mancha. El primer paso, siempre, es eliminar la mancha de suciedad que se desea asear. La mancha debe separarse del objeto a limpiar.
Suspensión de la suciedad. Una vez que la mancha se ha separado del objeto, es necesario impedir que vuelva a depositarse en él, es decir, el producto debe conseguir que el objeto permanezca limpio.
Transferencia de la suciedad. Una vez quitada y suspendida la mancha de suciedad, debe ser tranferida a otro sistema, normalmente agua de lavado, para su eliminación definitiva.
Junto a estos procesos básicos, los productos de limpieza pueden realizar otras funciones: proteger la piel, abrillantar superficies o blanquear la ropa.
En las siguientes páginas se estudiará con más detalle los procesos de limpieza que se realizan en algunas tareas domésticas.