Limpiar la ropa no es una tarea sencilla. Requiere un proceso complejo, dilatado y difícil en el que intervienen muchas sustancias químicas que unen sus propiedades en una acción sinérgica. La tarea fundamental corresponde a los tensioactivos, sustancias capaces de disolver las manchas de grasa en el agua de lavado. Pero necesitan la ayuda de otras sustancias.
Los agentes quelantes eliminan del agua las sales de calcio y magnesio, ya que estas sales impiden la acción de los tensioactivos. Los agentes antideposición evitan que las manchas disueltas por los tensioactivos vuelvan a depositarse sobre la ropa ya limpia, manteniendo la suciedad disuelta en el agua de lavado.
Para resaltar el color blanco se emplean agentes blanqueantes y agentes oxidantes, los primeros resalten el color blanco y los segundos eliminan las manchas coloreadas (y pueden alterar el color con el que se han teñido las prendas a limpiar).
También se añaden suavizantes al detergente. Su misión es mantener los hilos del tejido separados, lo que le da a las prendas un tacto más lene, favoreciendo no sólo su planchado, sino que evita su aspereza en contacto con la piel cuando se visten las prendas lavadas.
Los aromas, colorantes y conservantes no tienen utilidad en el la acción de lavado, pero ayudan a enmascarar los olores y tonos de los ingredientas activos y permiten su perdurabilidad hasta su empleo en los hogares. Son, por lo tanto, importantes agentes para su venta y distribución.