Un suelo que sólo se haya ensuciado con polvo y arenas puede limpiarse con facilidad mediante el empleo de mopas o aspiradores, que eliminan casi por completo el polvo. El barrido con escoba, aunque elimina las arenas, sólo desplaza el polvo y lo difunde por el aire, por lo que después volverá a depositarse en el suelo.
Existen muchos productos de limpieza para suelo, y aunque en su mayor parte están formados por tensioactivos aniónicos disueltos en agua para eliminar las manchas de grasa. No se trata sólo de una estrategia comercial de los fabricantes, sino de una necesidad debido a la multitud de posibles suelos que hay en los hogares.
Los suelos de gres son poco porosos y resistentes a la abrasión, por lo que pueden emplearse en ellos agente limpiadores enérgicos. Detergentes básicos o ácidos se emplean sin graves problemas en este tipo de suelos.
Los suelos de parqué son más delicados. Deben limpiarse en medio neutro, ya que los ácidos y álcalis atacan la madera. Tampoco pueden usarse grandes concentraciones de detergentes que pueden disolver los agentes conservantes con los que han sido tratados. Se deben emplear productos de limpieza neutros y con aditivos protectores de la madera y que sequen con facilidad, para evitar el exceso de humedad del parqué.
El mármol es un tipo de suelo delicado frente a los ácidos, que lo corroen, por lo que sólo pueden usarse en su limpieza productos neutros o ligeramente alcalinos. Evitar que se raye requiere el empleo de compuestos muy diluidos, de forma que el agua actúa como lubricante de los finos granos de sílice que contiene el polvo.