Tienen gran poder disolvente, se disuelven con agua y estas disoluciones secan con más rapidez que el agua sola. Se emplean varios alcoholes:
Alcohol etílico o etanol. Es un disolvente muy fuerte de las resinas y de películas secas de barniz y pinturas. En detergentes suele usarse alcohol desnaturalizado, al que se le añaden sustancias aromáticas de fácil detección, lo que imposibilita su empleo para la elaboración de bebidas alcohólicas.
Alcohol de madera, metanol o alcohol metílico. El metanol tiene las mismas propiedades disolventes generales que el alcohol etílico, excepto que es un disolvente algo mejor y mas poderoso, aunque también tiene una mayor toxicidad, por lo que se emplea como sustituto de éste cuando sus propiedades toxicológicas pueden contrarrestarse o no son importantes.
Alcohol amílico o pentanol. Es un disolvente enérgico, menos potente que el metanol o el etanol, sus vapores son tóxicos y muy inflamables, de forma que su empleo en detergentes y productos de limpieza se ha ido restringiendo por su peligrosidad.
Alcohol isopropílico, isopropanol o 2-propanol. De propiedades disolventes similares al etanol es mucho más barato que éste, sobre todo porque no está gravado por impuestos especiales. Esto hace que sea su sustituto en productos de limpieza a escala industrial en los que la economía es más importante que los posibles riesgos para los usuarios.