Las aguas duras contienen concentraciones elevadas de iones calcio y magnesio. Los jabones, y en menor medida los detergentes sintéticos, forman sales insolubles con los iones calcio y magnesio, por lo que no pueden formar las miccelas que eliminan las manchas de grasa y se merma su poder limpiador. Además, las sales insolubles formadas pueden depositarse sobre las prendas a limpiar, formando costras que impiden la eliminación de la sucedad bajo ellas y que pueden deteriorar los tejios. El lavado se convierte en un ensuciado.
Para evitar estos efectos negativos los detergentes comerciales añaden sustancias quelantes, compuestos que secuestran los iones de calcio y magnesio del agua. Existen varios agentes quelantes, aunque los más usados son dos.
Tripolifosfato de sodio o TPS. Forma compuestos de coordinación muy estables con el calcio y el magnesio, ablandando el agua de lavado. Además tiene un débil carácter básico, alcalinizando el agua de lavado y favoreciendo la acción de los detergentes. El TPS es un compuesto muy contaminante, ya que se hidroliza en el agua, liberando iones fosfato que producen la eutrofización de las aguas. Esto ha limitado el contenido de TPS en los detergentes para la ropa.
Silicato y metasilicato de sodio. Aunque tienen menor poder quelante que los polifosfatos, no son tan perjudiciales para el medio ambiente. Además ayudan a controlar la viscosidad del polvo, permitiendo un vertido más controlado, impiden que la suciedad disuelta en el agua vuelva a manchar la ropa ya limpia e inhiben la corrosión en las superficies metálicas de aluminio y acero inoxidable, aumentando la vida de las lavadoras.