El pH es un índice que se utiliza en química para establecer el carácter ácido o básico de una disolución y hace referencia a la cantidad de iones hidrógeno presentes. Su valor está comprendido entre 0, medio muy ácido, y 14, medio muy básico. El valor 7 indica que el medio es neutro, ni ácido ni alcalino.
La medida del pH, de forma semicualitativa, se realiza mediante el uso de indicadores, sustancias que cambian de color dependiendo de la acidez del medio en el que se encuentran. Para medidas más precisas se emplean peachímetros, aparatos que permiten determinar el valor del pH con gran precisión.
La acidez del agua, y por tanto su pH, es un parámetro de especial importancia, ya que controla gran cantidad de procesos químicos que se producen en el agua y altera sus propiedades como la capacidad de disolución de sales o la actividad de floculantes. El pH incide también en muchos de los procesos bioquímicos, por lo que muchos seres vivos sólo pueden sobrevivir en un determinado rango de valores del pH.
El vertido de sustancias ácidas, como el agua fuerte, o básicas, como o el amoniaco, altera el pH de los cauces naturales, llegando a ocasionar la pérdida de su biodiversidad e inutilizando el agua para su consumo.
Sin embargo, es la lluvia ácida procedente de los gases que emite a la atmósfera la industria, sobre todo óxidos de nitrógeno o de azufre, la que acarrea más daños en el equilibrio ácido de las aguas naturales, incluso a centenares de kilómetros de donde se encuentra la industria.