La turbidez es una pérdida de la transparencia del agua debido a la presencia de partículas en suspensión en ella. Es un indicativo de la calidad del agua, de forma que cuanto más turbia, menor es la calidad del agua.
Las partículas causantes de la turbidez pueden proceder de sedimentos en suspensión, bien procedentes de la erosión o que hayan sido removidos del fondo, pero también pueden proceder de los residuos urbanos, que arrastran pequeñas partículas de arena y suciedad, o deberse a un aumento en el fitoplancton.
La turbidez ocasiona diversas alteraciones en las aguas:
Las partículas suspendidas absorben la radiación infrarroja, lo que ocasiona un aumento de la temperatura. El calentamiento afecta a la flora y fauna acuática alterando su equilibrio ecológico.
Los gases son más solubles en agua fría que en agua caliente. El aumento de la temperatura del agua disminuye la cantidad de oxígeno disuelto y puede ocasionar la muerte de los animales acuáticos.
Las aguas turbias no permiten el paso de la luz visible, por lo que el fitoplancton no puede realizar la fotosíntesis, disminuyendo aún más el oxígeno disuelto.
Las partículas suspendidas en el agua actúan como adsorbentes de metales pesados, como el plomo o el mercurio, muy tóxicos para el medio acuático y para el hombre.